
sábado, 28 de febrero de 2009
EL GATO SUFÍ

viernes, 27 de febrero de 2009
EL GATO EN EL ISLAM

Este es un asunto tan importante, que uno puede ganar el Paraíso o el Infierno a causa de su trato hacia los animales. El maltrato a los animales es considerado un pecado mayor en el Islam, como se explica en el famoso libro ‘Los pecados mayores’ del Imán Muhammad ibn ‘Abdul Wahhab, que Al-lah le dé Su perdón. Ciertamente, un musulmán es responsable por su trato hacia los animales, porque un animal maltratado testificará en contra de quien abusó de él el Día del Juicio Final. El Islam prohíbe marcar con hierro caliente a los animales y matarlos en vano, como por deporte. El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, prohibió a la gente capturar pájaros, quemar hormigueros y flagelar animales. Incluso, cuando se sacrifican animales para comer, el Islam exige que el sacrificio sea realizado de acuerdo con los procedimientos islámicos establecidos, los cuales son humanitarios y reducen el sufrimiento. Como los representantes de Al-lah en la tierra, los seres humanos tienen una responsabilidad hacia cada criatura viva.
Al dejar la tienda de mascotas aquel día, me sentí como un traidor sabiendo que aquellos animales tienen sentimientos tan reales como los de los humanos. Me fui dejando a aquellas criaturas, mis semejantes, en su estado de prisión. Afuera de la tienda, di un paso fuera de la acera para empezar a cruzar la calle, cuando justo a mis pies estaba un gatito diminuto recién nacido, perfectamente posicionado para que un carro del parqueadero lo arrollara. Me quedé parado allí bloqueando el paso a los desesperados conductores que exigían el espacio para parquear, mientras le hacía señales con la mano al trabajador de la tienda de mascotas; pensé que seguramente él era alguien que cuidaba y gustaba de los animales. Él salió, miró al animal y replicó: “No es nuestro”, y volvió a entrar a la tienda. Estuve parado allí por quince minutos hasta que pude conseguir algo con qué alzar al gatito para llevarlo a un lugar seguro. Las lágrimas corrían por mi rostro y me preguntaba: “¿Dónde está la gente de la Sunnah? (la tradición del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alayhi wa sallam)”. ¿Acaso Al-lah Ha arrancado la misericordia de los corazones de las personas para hacerlos tan fríos como para que no tengan ni una pizca de simpatía para una de las hermosas criaturas de Al-lah, a pesar de que lo vean que está tan desprotegido y lastimero? Me acordé de Abu Hurayrah, que Al-lah esté complacido con él, un compañero cercano del Noble Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, quien narró más Hadices (dichos del Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam) que ningún otro compañero. Él era conocido por ser muy compasivo y amoroso con los animales. Aunque su nombre era ‘Abdur-Rahman, era conocido como ‘Abu Hurayrah’ (el padre de la gatita) porque tenía una gatita pequeña a la que alimentaba, cuidaba y llevaba consigo a donde él iba.
Los gatos en el Islam:
El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, enseñó a los musulmanes a tener misericordia hacia toda la creación de Al-lah. Existen muchos reportes de su aprecio por los gatos; lo cual dio como resultado su aceptación histórica entre los musulmanes. Los gatos eran muy comunes entre la gente en el tiempo del Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, y él dijo: “Ellos (los gatos) no son impuros y pueden mezclarse con vosotros”. El gato es un animal tan limpio que, de acuerdo con narraciones auténticas, uno puede realizar la ablución para rezar con la misma agua de la que bebió un gato. Incluso, es conocido que algunas personas hoy en día se oponen a la tradición del Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, realizando malvadas prácticas de tortura y envenenamiento a los gatos. ¿Acaso piensan que Al-lah no los Castigará por eso? Ciertamente el castigo de Al-lah por tales actos es severo, si tenemos en cuenta el Hadiz del Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, por Al Bujari y Muslim respecto a una mujer que encerró a un gato, negándose a alimentarlo y no lo liberó para que pudiera alimentarse por sí mismo. El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, dijo que como castigo ella sería introducida en el Infierno.
(*)Fuente: Islamweb
jueves, 26 de febrero de 2009
LA GATOTERAPIA, SANACIÓN CON GATOS

El cuerpo humano dispone de unos canales o meridianos, por donde circula la energía que nos llega del Cosmos y del Centro de la Tierra, por lo tanto, cuando nuestras emociones no están equilibradas, estas corrientes energéticas se distorsionan, atacando a los órganos y vísceras de nuestro organismo; y es aquí, donde los gatos juegan una labor muy importante para nuestra salud.
miércoles, 25 de febrero de 2009
EL GATO YOGUI

Comienza el movimiento del siguiente modo coordinado con tu respiración.
Al inspirar eleva cabeza y glúteos permitiendo que tu zona lumbar se hunda ligeramente hacia el suelo.
Al exhalar, el movimiento es el inverso, hunde el abdomen, curva tu espalda como un gato y lleva tu cabeza hacia abajo mirando hacia el hombligo.
Repite este movimiento coordinándolo con tu respiración 5 o 7 veces, a un ritmo de movilidad adaptado a tu ritmo respiratorio, de manera suave y con movimiento lento que fluya al igual que fluye tu respiración.
Durante el movimiento de tu espalda, los brazos permanecen siempre extendidos, sin permitir que se flexionen, solo tu espalda será la que se movilice.
Verás cuando finalices la diferencia que notarás en tu espalda, ya que una espalda flexible es una espalda joven, y esta asana te permitirá sin duda darle esa flexibilidad, sin cansarte y de un modo consciente.
martes, 24 de febrero de 2009
BUDA Y EL GATO

El estado de ánimo general es de tristeza. Hasta los animales están llorando. Los únicos que no lloran son algunos discípulos, sentados muy cerca del Buda y un gato. Los discípulos más próximos permanecen tranquilos. Son capaces de percibir más allá del cuerpo físico y saben que el cambio del nirvana al parinirvana no es un cambio.
Todos, sin importar cuán grandiosos, distinguidos, nobles o famosos podamos ser, todos moriremos. Los grandes personajes de la historia han muerto. Podemos tener la certeza de que no escaparemos de la muerte. Un día tendremos que devolver al universo los elementos que con frecuencia pensamos que son nuestros. Algún día todos, incluso el Buda, tenemos que morir.
(*)Fuente: Sangharákshita, Quién es el Buda, extracto del capítulo 8, Fundación Tres Joyas. Adaptación: Oscar Franco. Corrección: Dharmachari Upekshamati.
lunes, 23 de febrero de 2009
ANIMALES DE PODER: EL GATO

Citando a Jamie Sams y David Carson:
Cuando exhortas el poder de un animal, estás pidiendo ser envuelto en armonía completa con la fortaleza de la esencia de esa criatura. Adquirir comprensión de estos hermanos y hermanas es un proceso de curación, y debe ser abordado con humildad e intuición. Ciertos aspectos de las lecciones dadas por estas criaturas han sido elegidos para reflejar las lecciones que cada espíritu necesita aprender en el Buen Camino Rojo. Estas son las lecciones de ser humano, de ser vulnerable y de buscar la totalidad con todo lo que existe. Son parte del camino hacia el Poder. El Poder yace en la sabiduría y la comprensión del papel de uno en el Gran Misterio, y en honrar el hecho de que cada cosa viviente es un Maestro. (Medicine Cards).
sábado, 21 de febrero de 2009
EL GATO EN ASIA

viernes, 20 de febrero de 2009
C A B A L A Y K A: LA LEYENDA DEL GATO MANEKI NEKO

jueves, 19 de febrero de 2009
MI GATO DE LA SUERTE

El verbo 招 (zhao1) tiene varias acepciones pero en este caso significa "atraer, llamar". 财 (cai2) es riqueza o dinero y 猫 (mao1) es gato. Una traducción literal podría ser "el gato que llama a la riqueza".
Según que pata levante, este simpático gato kitsch tiene uno u otro significado. El de la foto pertenece a la categoría "gato que levanta la pata izquierda" el cual ayuda a atraer a clientes a los restaurantes o pequeños negocios. Por contra, si levanta la pata derecha sólo sirve para atraer dinero, que a fin de cuentas viene a ser lo mismo.
miércoles, 18 de febrero de 2009
EL GATO EN LA ESCULTURA: FERNANDO BOTERO


El artista también ha pintado gatos, con su peculiar estilo, como los que aparecen en las imégenes superiores.
*Donación de Botero
Para conocer mejor la obra de este artista.
martes, 17 de febrero de 2009
EL GATO EN LA ESCULTURA: ANTIGUO EGIPTO




¿Sabéis quién es la Dama del Punt?
lunes, 16 de febrero de 2009
EL GATO EN LA ESCULTURA: GIACOMETTI

Escultor y pintor suizo, nacido en Stampa. Después de un período de estudios en Ginebra y Roma, Giacometti se establece en París en 1922. Es considerado como uno de los escultores surrealistas principales de los años 30; su trabajo muestra mucho ingenio e imaginación. Sus figuras y objetos expresan la subjetividad y la fragilidad del sentido humano del tiempo y espacio. Giacometti desarrolló un estilo propio de figuras altamente expresivas y estilizadas. Infundido por una melancolía penetrante, sus pinturas y esculturas muestran un sentido de la existencia tenue, como si las figuras estuvieran amenazadas constantemente por el espacio circundante.
domingo, 15 de febrero de 2009
SALEM VOLANDO
Salem el gato de la serie Sabrina "Cosas de brujas" (La bruja adolescente), en una de sus mejores intervenciones.
sábado, 14 de febrero de 2009
HENRIKETO OTORGA UN PREMIO A TODOS SUS AMIG@S

RAZONES POR LAS QUE TU GATO TE QUIERE

viernes, 13 de febrero de 2009
jueves, 12 de febrero de 2009
¿TU GATO INTENTA MATARTE?

miércoles, 11 de febrero de 2009
CATS RUN. Tsuneo Cat Song 3
The voice of the cat is Pippi
走る総集編♪
Tsuneo TV BGM Free Download
http://my.dl-market.com/tsu...
martes, 10 de febrero de 2009
¿PORQUÉ LOS GATOS VEN EN LA OSCURIDAD?

En relación al tamaño de su cabeza, el gato tiene los ojos sumamente grandes. La superficie del ojo (la córnea) es muy curva (convexa) lo que permite la mayor penetración de luz posible.
lunes, 9 de febrero de 2009
GOBOLINO, EL GATO DEL CABALLERO
Cuento del fascículo número 4 de la colección "Cuenta Cuentos" publicada por la editorial Salvat hace más de 20 años.
Voz: Marta Martorell (a quien todos conoceréis como la Señora Fletcher, es decir, Angela Lansbury en "Se ha escrito un crimen").
Una de las muchas aventuras de Gobolino, el gatito de bruja con ojos azules y una pata blanca.
domingo, 8 de febrero de 2009
A MICHEL IV DE GATO Y A DUNCAN
Queridos amigos: Acabo de enterarme de una triste noticia....asi es que hoy no hay cuentos, ni leyendas...ni siquiera un maulllido...un ronrroneo. Hoy no me apetecen mis sardinas...Hoy solo tengo silencio y una pena que me ahoga. Yo ya soy viejo...y él tan joven...
Dedico este video a mi joven amigo Michel IV de Gato que se ha ido con las estrellas...y a Duncan, su mejor amigo que le llora...Siempre en nuestros corazones...siempre.
Te queremos Duncan
Henriketo y Cabalayka
EL HÍBRIDO

Lo alimento a leche; es lo que le sienta mejor. A grandes tragos sorbe la leche entre sus dientes de animal de presa. Naturalmente, es un gran espectáculo para los niños. La hora de visita es los domingos por la mañana. Me siento con el animal en las rodillas y me rodean todos los niños de la vecindad.
Se plantean entonces las más extraordinarias preguntas, que no puede contestar ningún ser humano. Por qué hay un solo animal así, por qué soy yo el poseedor y no otro, si antes ha habido un animal semejante y qué sucederá después de su muerte, si no se siente solo, por qué no tiene hijos, como se llama, etcétera.
No me tomo el trabajo de contestar: me limito a exhibir mi propiedad, sin mayores explicaciones. A veces las criaturas traen gatos; una vez llegaron a traer dos corderos. Contra sus esperanzas, no se produjeron escenas de reconocimiento. Los animales se miraron con mansedumbre desde sus ojos animales, y se aceptaron mutuamente como un hecho divino.
En mis rodillas el animal ignora el temor y el impulso de perseguir. Acurrucado contra mí es como se siente mejor. Se apega a la familia que lo ha criado. Esa fidelidad no es extraordinaria: es el recto instinto de un animal, que aunque tiene en la tierra innumerables lazos políticos, no tiene un solo consanguíneo, y para quien es sagrado el apoyo que ha encontrado en nosotros.
A veces tengo que reírme cuando resuella a mi alrededor, se me enreda entre las piernas y no quiere apartarse de mí. Como si no le bastara ser gato y cordero quiere también ser perro. Una vez -eso le acontece a cualquiera- yo no veía modo de salir de dificultades económicas, ya estaba por acabar con todo. Con esa idea me hamacaba en el sillón de mi cuarto, con el animal en las rodillas; se me ocurrió bajar los ojos y vi lágrimas que goteaban en sus grandes bigotes. ¿Eran suyas o mías? ¿Tiene este gato de alma de cordero el orgullo de un hombre? No he heredado mucho de mi padre, pero vale la pena cuidar este legado.
Tiene la inquietud de los dos, la del gato y la del cordero, aunque son muy distintas. Por eso le queda chico el pellejo. A veces salta al sillón, apoya las patas delanteras contra mi hombro y me acerca el hocico al oído. Es como si me hablara, y de hecho vuelve la cabeza y me mira deferente para observar el efecto de su comunicación. Para complacerlo hago como si lo hubiera entendido y muevo la cabeza. Salta entonces al suelo y brinca alrededor.
Tal vez la cuchilla del carnicero fuera la redención para este animal, pero él es una herencia y debo negársela. Por eso deberá esperar hasta que se le acabe el aliento, aunque a veces me mira con razonables ojos humanos, que me instigan al acto razonable.
sábado, 7 de febrero de 2009
GOBOLINO, EL GATO FALDERO
Cuento del fascículo número 4 de la colección "Cuenta Cuentos" publicada por la editorial Salvat hace más de 20 años.
Voz: Marta Martorell (a quien todos conoceréis como la Señora Fletcher, es decir, Angela Lansbury en "Se ha escrito un crimen").
LA VUELTA DE MICHICATS

Sigo viviendo con “ella”. Estoy totalmente aclimatada en esta casita, bueno, es una manera de decir, más bien, ¿les cuento un secreto? es toda mía, mi territorio, yo soy la que manda. Duermo donde quiero, incluso en su cama, tengo mi canasta floreada y mis sitios preferidos se respetan.
Como soy friolenta si prende la calefacción, me pego al radiador, tanto que ella cree que me voy a chamuscar los bigotes de lo cerca que me pongo. Y si lo apaga, me deja la bolsa de agua caliente al lado mío para que yo no pase frío. Situación controlada, como verán. ¿Da envidia, no? Tengo comida, agua, mis juguetes y aunque el barbudo sigue viniendo, ahora lo hace muy de vez en cuando y solo por control y vacunas. Tan de vez en cuando, que el otro día hasta me puse un poquito contenta de verlo y decidí no arañarlo… mucho.
Estoy muy sana y saludable –un poco gordita, pero bueno- y me subo a algunos muebles para sentirme una gata ágil, aunque el otro me caí por alardear. Tengo la “casa tomada”, pero hasta hace unos días la tenía tomada solo cuando estábamos ella y yo. Y aquí les paso a explicar.
Si venía alguien de visita, yo hacía “mutis por el foro”... (creo que se dice así cuando desaparecés). Me iba, si me daban tiempo me metía debajo de la cama grande donde hay un simpático chaleco rojo de lana y me acomodaba ahí a dormir y esperar a que se fueran. Si no me daban tiempo, me metía abajo del diván del living. Ahí me acomodaba apretadita arriba de alguna caja de libros (ya espié) a esperar que la visita se retire de mi casa.
Pero esto cambió hace poquito. Yo realmente creía que las visitas eran para ella exclusivamente y que yo no nada tenía que hacer ahí. Es más, no me gustaba en lo más mínimo que vinieran y esperaba ansiosa a que se fueran. Pero no sé porqué su hija Laura, aquella que me incitó hace ya unos años a salir por primera vez, empezó a venir casi todos los días. Y para colmo, no viene sola, -yo ya me di cuenta-. Algo trae adentro que crece día a día, lo siento cuando se mueve y cuando nada dentro de ella. Yo sé enseguida que es ella porque los siento a los dos.
Y ¿a qué no saben?. Cada vez que llega pregunta por mí. Sí, por mí.
-¿Dónde está la gata?. ¿Por qué se esconde?- dice.
Y no sé cuántas preguntas más, pero eso no era todo: se agacha y mete la mano debajo del diván del living y me descubre siempre. En realidad, porque yo me dejo descubrir… claro. Sí, me encuentra y me acaricia la cabeza y mis orejitas. Y aunque me hago la arisca, debo confesarles que me encanta.
Ahí estaba ella pasándome la mano suave y hablándome a mí.
-¡Hola!, ¿cómo te va? –decía. ¿Qué haces ahí debajo? Vení que te peino...
-¡Dale, salí!
Empezó a pedir mi cepillo y mi peine y... bueno, cuando sentí que tenía la bolsita con las cosas para acicalarme, salí y empezó a cepillarme y a peinarme con mucha dedicación. Laura me peina largo rato y mi pelo empezó a estar cada vez más lustroso y mientras lo hace me habla a mí. Hasta me trajo juguetitos, un día me acomodó la silla al lado del radiador y el otro día hasta me convidó de su postrecito… y con eso me compró del todo.
-Ah, -dice también: Ahora se queda a ver qué hacemos. -¿Cómo andas, Michi? ¿Te gusta el pollo? Y me troza un pedacito que sí, me gusta mucho. -¿A quién no?
Incluso se quedó el día que vino el barbudo, yo creo que para defenderme de que no me hagan nada que no me guste… y así descubrí que venía a visitarme a mí también. No la viene a visitar a “ella” solamente, además quiere verme a mí. No deja de preguntar por mí hasta que salgo y soy parte de la visita en las charlas y en los juegos.
Entonces ahora cuando llega mi instinto me suele jugar una mala pasada y corro a esconderme, pero en cuanto escucho su voz y me doy cuenta de que se sienta y empieza a preguntar por MichiCata (me dice así y de mil maneras más), salgo y ahí me quedo. Cada día está más panzona, pero es por ése que se mueve dentro todo el tiempo y que yo siento perfectamente.
Laura me peina, me habla y también jugamos, jugamos a que yo la araño y esas cosas, y la mayoría de las veces a mí se me escapa alguna uñita y se lleva un par de buenos arañazos. Me reta pero no se enoja, y eso también me gusta. Me siento parte de la visita, Laura NOS visita. Nunca había sentido eso, y la verdad es que me hago la huraña, pero les debo confesar que me encanta saber que me visitan a mí también.
Incluso un día le dijo a ella que yo debía sentir que las visitas eran para las dos, para ella y para mí, que somos las dos dueñas de casa y últimamente, probé aparecerme con otras visitas: la chica que vino a estudiar el otro día, otro barbudo que ingenuamente piensa que salgo solo porque es él, una vecina o dos y más gente. Y, ¿saben qué? Me parece que Laura tiene razón, NOS visitan y como la casa es mía también, debo portarme como una buena anfitriona, ¿no creen?
Ahora descubro además que tampoco es de “ella” sola el correo electrónico, ya recibí varios e-mail que me dicen que les encanta mi nombre y apellido. Y para que lo sepan, una Fundación re-importante publicó mi historia en una “plaqueta gatuna” y la repartió por todos lados.
Bueno, para los que lo quiere ir sabiendo, Michicats de Palacios sigue siendo una gata como ninguna, la mejor de todas y está recibiendo visitas en su propia casa. Pueden pasar cuando gusten. Se piden la dirección y se vienen a verme… Los espero y me despido hasta la próxima.
Michicats de Palacios
viernes, 6 de febrero de 2009
LA SEÑORA MICHICATS DE PALACIOS

Miro el reloj, la manito pequeña está cerca de las 12.
-¡Por favor! ¡Hace como doce horas que no como...! Se lo voy a tirar...
Por suerte comienza a despertarse. Se estira.
-¡Bien!
Se podrá mi abrigo, bueno, su buzo, yo lo uso para dormir mi siestas, cosa que hago todo el tiempo y no por eso se me va el sueño y me pongo a leer. Yo cuando me acuesto, duermo y punto.
Y a las 6 me levanto y tengo hambre. Mientras trabaja mis horarios se respetan. Pero ahora no hace más que decir: -estoy de vacaciones.
Mi estómago no se toma vacaciones. Bueno, ya está de pie y troto adelante, correrá las cortinas, irá hacia la cocina, levantará mis platos, abrirá la canilla y cambiará mi agua. Luego tomará la bolsa blanca con letras rojas y anaranjadas.
Mide la cantidad en un pocillo, esta idea se la mete en la cabeza el barbudo que viene más seguido de lo que yo quisiera y repite hasta el cansancio:
-Está gorda, demasiado gorda...
-¿Por qué no vino durante todos los años que viví en la otra casa y repitió la otra realidad?: -¡Está flaca, muy flaca...!
El día que lo conocí sostuvo:
-Está muy mal. ¿Por qué no me llamó antes?
Le llevó unos cuantos meses, pero debo reconocerlo: me salvó la vida.
Ahora viene cuando ella lo llama y repite hasta el cansancio: -Está gorda, debe comer menos.
-Comer menos, ¡por favor!: ahora que como todos los días y tengo agua a mi alcance habla de que me quiten la comida.
Le muestra la miserable cantidad que debería darme en todo el día y se me retuerce la pancita.
Ella se dedica a buscarme otros alimentos que, le aseguran, me harán bajar de peso.
Son buenos, tengo más energías. He vuelto a treparme a los muebles, con algún escalón intermedio, claro, tiro adornos para jugar. Me doy una vuelta por la bañera y lamo algunas gotitas de agua, no por necesidad como me pasó en la otra casa.
Porque yo vivía en otra casa y casi se habían olvidado de que existía. Colocaban comida, pero los dos pequineses se abalanzaban y terminaban con todo así que yo pasé muchos días con un par de arroces secos que dejaban en sus propios platos. Agua, estaba la de ellos siempre llena de pelos y cuando partieron no hubo más, así que aprendí a encontrar algunas gotas en la bañera, eso me salvó la vida.
Un día apareció ella. Parece que le pidieron que me cuidara y aceptó.
Por varios días no me dejé ver hasta que Laura, es su hija, me convenció y salí, salí a recorrer este nuevo mundo que solo veía de noche furtivamente cuando iba a comer, tomar agua y pasar por el sanitario, estaba tan contenta que parecía que todo iba a andar bien.
Pero estaba enferma y unos pocos días de buena vida no iban a cambiar la realidad: me descompuse. Al segundo día se asustó, en realidad vive asustada, y llamó al barbudo.
-¿Por qué no me llamó antes? Le reprochó el protestón.
Ella insistía que nada sabía de gatos, cómo saber que yo estaba mal, pero le rogaba a Claudio –así se llama el barbudo- que me salvara.
Tengo que reconocer que se esforzó mucho, me llenó la boca de remedio, me dio un montón de pinchazos. Me mandó sacar radiografías, pero me salvó.
Cuando vinieron a buscarme pensó en devolverme a mi otra familia, bueno familia..., digamos “conocidos”. Pero yo había hecho ya una elección. Una elección de vida: quería quedarme con ella. Creo que siente un poco de culpa. Trato de que entienda: yo la elegí.
Cuando se va a trabajar yo hago mi primera siesta hasta el medio día, me mando algunas carreras para mantenerme en estado: tiro algunos adornos, me subo a la mesa, me afilo las uñas en la alfombra y doy vuelta mi cuna floreada.
La espero en la puerta cuando pasa al medio día. Me pone comidita, se toma un café, lee algunas cosas en ese televisor donde se pasa varias horas y vuelve a irse. Yo me acomodo bien y duermo toda la tarde.
Sé que cuando regrese se quedará y se sentará frente a ese televisor que parece más interesante que los otros.
Ahora mismo está con mi bolsa de comida, parece que copió el nombre, quizá se lo está recomendando a alguien que también tiene gata.
Pero, pensándolo bien:
-¿Para qué está con mi bolsa de comida al lado?
-Capaz que se le dio otra vez por escribir cuentos y está inventando uno sobre mí.
-¡Qué sabrá ella lo que yo pienso!. Sin embargo si está inventando una historia de gatos es mejor que haga una de la mejor gata del mundo: Michicats de Palacios.
A mi primera “familia” ni se les ocurrió buscarme un nombre. Cuando lo preguntó le dijeron:
-Decile: ¡Michi, Michi, Michi cats! y viene.
-O sea mi nombre es algo así como: Gato, vení.
Está bien, es original y ella me llama Michi, Michi y me besa seguido así que yo agrego un apellido alto: los palacios son como castillos, altos.
-Mi nombre puede llegar a inspirar una novela de amor y misterio. O un cuento con realismo mágico. ¿Qué tendrá de mágico el realismo o le llamarán así cuando te matan de hambre?
-Pero es importante que el nombre pegue bien.
-¿Qué les parece mi nombre?
Pueden mandarme las opiniones su correo electrónico. Parece que ese televisor que tiene recibe “e-mail”. Ella sin duda es de confiar y me leerá los mensajes que me manden. Quedo a la espera.
Los saludo con cariño,
Michicats, la mejor de todas.
jueves, 5 de febrero de 2009
EL ÁNGEL DE LA CASA

Quizás por ello amaba el verano, porque a pesar de la hora podía admirar el frente, aún hermoso del primer piso de la casa vieja.
Más arriba un solitario mirador de techo de pizarra. El ángel parecía colgado de él.
Según los datos que se conocían en el barrio la construcción de la casa de Delcasse era del año 1883. El frente sobre la calle Cuba tenía el número 1919. Los fondos, siguiendo por Sucre, llegaban hasta Arcos donde un cedro gigantesco extendía sus ramas sobre un antiguo portón de hierro tan simple y oxidado que pasaba inadvertido.
Se decía -relatos de viejos- que en esos fondos, en ese jardín de atrás donde el propietario había levantado un pabellón que funcionaba como sala de armas, habían sucedido los últimos duelos en Buenos Aires.
El portón herrumbrado y seguramente imposible de abrir permitiría en aquellos años la entrada de los contendientes, sus padrinos y alguno que otro testigo. Seguramente la salida era más furtiva y manchada de sangre...
Nada indicaba ahora que la casa estuviese habitada. La puerta alta de madera permanecía siempre cerrada así como las pocas celosías que se podían ver, todas del primer piso. El muro y el portón no dejaban ver el jardín y las ventanas de abajo.
Ese macizo portón de madera cruda, oscura y ya bastante viejo poseía una pequeña puerta como para permitir la entrada y salida de las personas. En su mejor época se debía haber necesitado su total apertura para dejar paso a los carruajes.
Laura aminoraba el ritmo de su paso cuando cruzaba y empezaba a recorrer las veredas rotas de la casa. De la amplia manzana la finca ocupaba la mitad. Abarcaba Sucre de esquina a esquina.
Caminaba despacio mientras miraba al ángel del frente, admiraba su expresión serena y observaba sus manos sosteniendo o tocando la lira. La figura femenina y alada, a pesar de su quietud, parecía dispuesta a volar en cualquier momento; pasaba la vista por cada una de las celosías cerradas y aspiraba profundamente el perfume a jazmín y madreselva de las enredaderas del muro que trepando y avanzando llegaban hasta la esquina de Arcos. En esa esquina se detenía, se apoyaba suavemente en el muro gris verdoso de la ochava y esperaba unos minutos.
La gata blanca llegaba del lado norte, como si viniese desde la Avda. Juramento. No actuaba como un gato común y receloso. Avanzaba por el medio de la vereda, con paso lento y majestuoso y la esponjosa cola levantada.
Frente al mohoso portón de atrás, aquel de las salidas furtivas, se detenía y tomaba asiento.
La gata esperaba, Laura esperaba.
Al principio no sintió nunca ruido alguno, con el pasar de los meses su oído se acostumbró y llegó a escuchar la apertura de una puerta. Después un crujido.
Ese sonido era la señal para la gata y para Laura, el animal se levantaba y atravesando los barrotes se hundía en la espesura del jardín del fondo. Laura se adelantaba hasta unos pocos centímetros de la reja y asomaba la cabeza. Seguía con la vista la inconfundible mancha blanca hasta que desaparecía detrás de los arbustos. Veía la cola blanca llegar hasta la casa y sentía el cierre quejumbroso de alguna puerta. Volvía a darse unos minutos de espera, luego levantaba la vista para ver en medio de la oscuridad de la casa una luz parpadeante detrás de las ventanas del cuarto de la esquina. Siempre era el mismo, el único que se iluminaba.
Siempre la misma ventana de la casa con más de veinte habitaciones. Todas las demás permanecían oscuras y silenciosas.
Esperaba unos minutos más hasta que escuchaba la música y entonces seguía su camino. Rutina de muchos años. Muchos domingos. Llovizna, calor o frío, vacaciones o feriados, la gata llegaba siempre a su hora y entraba a la señal. Después la luz y la música.
Más veranos.
Laura paseó muchas veces el cochecito de sus hijos y volvió a la esquina a esperar la llegada de la gata blanca. A aguardar la luz y la música.
Algunas veces el suceso quiso tomar en su cabeza forma de realidad y ser algo explicable: quizás una dinastía de gatas blancas se sucedían en el ingreso a la casa del ángel. Un suceso común y lógico. Nunca un extraño ritual.
Por 1980, o tal vez un par de años antes, la fecha escapa ahora de su memoria, salió en unas revistas y se comentó en el barrio que la casa del ángel se vendía e iba a ser demolida.
Alguna sociedad vecinal trató de defender la casona, se buscó algún suceso histórico que la salvase, incluso se hablo de comprarla. Nunca se encontró el suceso, nunca se juntó el dinero y solo se logró detener la obra algunos meses. En el alto muro unos carteles inmensos mostraban como quedaría la construcción terminada: una elegante, corta y funcional galería, varios subsuelos de cocheras hacia abajo, tres torres de departamentos como de veinte amplios pisos cada una y en la entrada de la esquina de Cuba y Sucre, el ángel, salvado de la demolición y del remate, pasaría a integrar el decorado del nuevo y moderno edificio. La casa del ángel se convertía en La galería del ángel y el barrio se tranquilizó.
Pasaron los años de la construcción. Terminada la obra se pudo volver a admirar al ángel remozado, con su lira entre las manos. Una fuente fue colocada en la salida de la galería, casi en el sitio donde en otros tiempos estaba el portón de rejas oxidadas y la sombra del olmo.
Ya Laura no pasaba por allí. Ya no volvía por Sucre hacia su casa y la galería, metida dentro del barrio, pequeña, hermosa, pero demasiado exclusiva, no era un lugar al que se pensara ir diariamente.
Si alguna vez pasaba por allí, incluso si iba para ese lado se empeñaba en encontrar la calle, las esquinas, se esforzaba por volver a recorrerlas, caminar por las veredas de Sucre evocando con nostalgia la vieja casona. Se detenía para mirar al ángel que, como antaño, parecía a punto de salir volando.
Alguna vez se sentó a tomar un café en las pequeñas y blancas mesitas que las confiterías desparramaban por las veredas ahora amplias e iluminadas. Tomaba, entre recuerdos, un café, caliente, caro y bien servido.
La casa de perfumes estaba en una de las salidas, daba a la fuente de agua de la esquina de atrás.
Ese día, aburrida, se quedó mirando los frascos, coloridos, pequeños y sin precio.
Más allá un local de las tantas cadenas de supermercados que hay en Belgrano le recordó que necesitaba algunas cosas para su casa. ¿Pero cuáles?. Los años no habían pasado en vano, los años y los sucesos le habían quitado la memoria. Sabía que no era la memoria en sí, sino que le sucedían olvidos. Sí, se distraía y, quizá, prefería olvidar algunas cosas.
-Leche, leche y ¿qué más?.
Miraba sin ver hacia la vereda de la calle Arcos cuando la vio aparecer, blanca como siempre, por el medio de la vereda, a paso lento, majestuoso y sin miedo. Siempre con la cola esponjosa y levantada.
Sintió un escalofrío que comenzó en la nuca y le recorrió toda la espalda. Se quedó clavada en el lugar con los ojos fijos en el animal blanco que se acercaba decidido hacia donde ella estaba. Se detuvo casi a sus pies y tomó asiento. La miró fijamente.
Como en otros ayeres, las dos esperaron.
El sonido de la puerta al abrirse fue claro. La gata se incorporó y Laura giró levemente la cabeza y miró hacia donde ahora miraba la gata.
Esfumado en medio de la perfumería se abría el jardín del fondo tan lleno de malezas como lo recordaba y bien atrás, casi en el corazón de la primera torre, una puerta.
Una joven, casi una niña, se tomaba del picaporte, llevaba un vestido azul pasado de moda.
Laura recién parpadeó cuando la gata la rozó con su cola al pasar a su lado para internarse entre las difusas malezas. En su mente la idea le daba vueltas:
-Estás soñando. –se dijo.
-Seguro, todo es un sueño.
También pensó que estaba peor que nunca, jamás le había pasado soñar despierta por lo que, un tanto malhumorada, apartó la vista de la imagen imprecisa y se dirigió hacia el banco de piedra que rodeaba la fuente. Se sentó.
Fue muy leve el roce de la mano. Cuando levantó los ojos la joven con la gata en brazos estaba a su lado. Le sonreía suavemente. Depositó en su regazo el balnco animal.
Laura pasó los dedos sobre el pelaje suave y largo mientras miraba a la niña. Era muy joven. Levemente se sentó a su lado, parecía estar y no estar sentada, volvió a sonreírle.
-Ahora que viniste te la puedo dejar...–. Hizo una pausa.
-¿Dejar? –la pregunta de Laura salió con voz quebrada.
-Sí, debo irme. –dijo mientras doblaba la cabeza y miraba.
Observó la galería, levantó la vista para mirar los pisos altos, detuvo su atención en las veredas pobladas de mesitas. Otra vez se dirigió a Laura:
--Quédate con Carlota, por favor. Tengo que irme. Y debo hacerlo sola.
-Claro. –realmente no sabía porqué respondía.
- Te dejo a mi amiguita. No puede venir conmigo.
Antes que Laura pudiese preguntar sintió el beso suave en la mejilla. Cuando reaccionó estaba sola, la gata acurrucada sobre sus piernas.
Miró atentamente cada lugar, cada rincón. Recogió la gata y caminó por los alrededores. Lo hizo demasiado tiempo, pero inútilmente.
La gata se dormía, con ella en los brazos se volvió a su casa. Carlota se instaló como si siempre hubiese formado parte de la familia. Si le preguntaban el origen solo atinaba a decir: -Es de la casa del ángel.
Los días pasaron, Laura siguió escribiendo. Carlota durmiendo esperaba que terminase la tarea de ese día para realizar el ritual de mimos y ronroneos.
Una noche como tantas pasó una amiga por su casa.
-¡Qué tal!, ¿Cómo están tus cosas?, ¡Qué horrible tiempo!, ¡Seguro que mañana llueve!, ¡Qué caro está todo!, y también, como era habitual:
-¡Qué linda gata!. ¿De dónde salió?
-De la casa del ángel. –repitió como otras veces.
-¿En serio?. Ahora es sin ángel... ¿Sabías?.
-No,... no sé, ¿Qué pasó? –Laura prestó atención.
-Parece que el ángel se “voló”, -contó Leticia.
-¿Se voló?
-Bueno, es un decir..., parece que lo robaron. Una mañana ya no estaba. Ahora están terminando una réplica para rellenar el sitio en la entrada de la galería.-
Después todo continuó con: -¡Qué caro está todo! (otra vez), ¡Viste la película tal!,¡Seguro que mañana llueve!(otra vez)-¡Pero viste cómo aumentaron los precios! -¿Y de dónde me dijiste que era la gata?
Laura oía sin escuchar. Conocía a Leticia y que después de algunos cuántos “qué caro está todo”, su amiga se iría a su casa y la noche sería toda suya para escribir. Sabía ahora que Carlota no era ya la gata de la casa del ángel. Sabía que ya era suya, como la noche. Y sabía que el nuevo cuento iba a empezar algo así como:
“Era el camino obligado todas las tardes. En el invierno esas caminatas por el barrio desde la avenida Cabildo hasta su casa eran oscuras además de frías...”
martes, 3 de febrero de 2009
LA HISTORIA CONTADA POR UN GATO

lunes, 2 de febrero de 2009
OFFENBACH

A través de Offenbach he podido entender el mundo animal de nuevo, que estaba vedado para mí desde que me hice adulto y los problemas humanos vinieron a abrumarme y a hacerme olvidar la sencilla vida animal, sus ciclos vitales y su ausencia de agonía: lo contrario de la agónica vida del único animal que sabe que se muere.
Offenbach es un animal feliz: sus exigencias son bien pocas y, aparte de una comida en la mañana y otra al final de la tarde, no exige otra cosa que lo que él mismo da a granel: cariño, una mano pasada por la cabeza y el lomo, una cepillada ocasional: atención. Pero a pesar de su humanización y de su reclusión hogareña, la vida de Offenbach está atemperada a los ciclos animales y universales: él y el cosmos son la misma cosa, y el gran abismo creado por la conciencia humana es franqueado por Offenbach todos los días con una sencillez admirable: el estoicismo animal es tan natural como la respiración."
(*)Fuente: Guillermo Cabrera Infante, fragmento de "Offenbach", en: O, Barcelona: Seix Barral, 1975.
NOCHE Y FÉLIX
domingo, 1 de febrero de 2009
LA CONSTELACIÓN DEL GATO

Cada civilización creó sus propias constelaciones, relacionadas sobre todo con lo más cercano a ellos, y así los pueblos de cazadores veían armas o trampas; los agricultores, plantas; los pastores, animales, etc. Poco a poco se fue creando todo un sistema que dio origen a la astronomía, y cuya función primordial en aquellos tiempos fue la de servir de guía a los viajeros y navegantes. Parece ser que mediante los contactos comerciales, la ciencia astronómica pasó de los acadios a los sumerios, asirios y babilónicos, y de éstos a los cretenses, Egipto y Grecia.
En Grecia se reelaboró toda la ciencia astronómica heredada de las civilizaciones antiguas, y se empezó a catalogar los objetos celestes. Tolomeo (100-178 d. de C.), en su Almagesto, cataloga por primera vez 48 constelaciones. Pero aún quedaba mucho “espacio vacío”, y en los sucesivos siglos se fueron añadiendo constelaciones. Entre los siglos XVI y XVII se incluyeron 10 nuevas a la lista de Tolomeo.
No obstante, las 58 constelaciones que había hasta esa fecha pertenecían todas al cielo boreal (norte del Ecuador), pero no había ninguna catalogada en el cielo austral (al sur del Ecuador). En 1603 se incluyeron 12 nuevos grupos de estrellas pertenecientes al cielo austral, que fueron observadas y estudiadas en un viaje por los mares del Sur realizado ex profeso para la ocasión. En el siglo XVIII se añadieron varios grupos más de estrellas australes, aunque existe una constelación austral cuyo origen se desconoce, y es la Crux (Cruz del Sur).
En el año 1922, la Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional (UAI) aprobó la lista de las 88 constelaciones que hay actualmente. No cabe duda de que se trata de un catálogo totalmente europeizado, ya que no se han tenido en cuenta las constelaciones creadas en otras culturas, sino que se basa en los registros griegos y europeos.
Pero en los siglos XVII y XVIII se crearon otras constelaciones que no han llegado a formar parte de las oficiales. Como dato curioso, cabe destacar que los círculos eclesiásticos intentaron cambiar los nombres de las divinidades paganas por otros cristianos. Por ejemplo, el Sol pasaría a llamarse Jesucristo, la Luna sería la Virgen María, Aries se llamaría Apóstol Pedro, Piscis sería el Apóstol Mateo, Venus se llamaría Juan el Bautista, etc. Los astrónomos, por supuesto, se opusieron firmemente a esta reforma, y más que ellos los propios religiosos, que preveían un lenguaje impío en la jerga astronómica, cuando alguien dijera por ejemplo que “Jesucristo ha sido eclipsado por la Virgen María”. También la política intentó entrometerse en este campo, y así en 1808 unos eruditos alemanes propusieron renombrar la constelación de Orión como Napoleón, pero incluso los astrónomos franceses lo vieron como algo fuera de lugar.
Entre toda esta maraña de nombres y constelaciones destaco una por su relación con los gatos. En 1798, el astrónomo francés Joseph-Jérôme Le Français de Lalande (1732-1807) dio nombre a la constelación Felis (el Gato en latín), situada en los cielos del hemisferio austral. Era un gran amante de estos felinos, y según sus palabras: “Yo amo a los gatos, los adoro, y espero que después de sesenta años dedicados a la astronomía me perdonen el haber puesto uno en el cielo”. En el 1801 apareció la constelación del Gato por primera vez en un atlas estelar, el de J.E. Bode, y también Angelo Secchi hizo lo propio en 1878, pero luego nadie más volvió a mencionarla, hasta que fue eliminada por la Asamblea General de Astrónomos de 1922 junto con otras 26 constelaciones. Felis contenía estrellas de otras constelaciones: Pyxis (Brújula), Hydra (Hidra) y Antlia (Máquina Hidráulica o Bomba de Aire). Por sus muchas contribuciones a la astronomía (de las que la constelación del Gato fue sólo algo casi nimio), un cráter lunar fue bautizado con su nombre: el cráter Lalande.
De todas formas, los aficionados a los felinos seguimos contando con 3 miembros de la familia gatuna en los cielos: Leo (el León), Leo Minor (León Menor) y Lynx (el Lince), pero se echa en falta al pequeño gato doméstico entre las estrellas.
(*)Fuentes: Observar las estrellas. Grupo Astrófilo Lariano. Editorial de Vecchi, S.A. Barcelona, 1999.
RIBA
HERÁCLITO EL OSCURO
